EconómicaMente Biológico: cuando la economía nos habita

La economía no es una estructura externa, ajena a mí. La economía soy yo, y es también la manada a la que pertenezco. Es una hebra viva que me atraviesa en cada elección cotidiana, en cada vínculo, en cada célula. Desde la Bioexistencia Consciente, comprendemos que nada está afuera de la biología. Incluso lo que hemos llamado «dinero», «proyecto», «abundancia», «carencia» o «mercado», es una expresión simbólica de los códigos que nos habitan como humanos.

Porque no hay economía sin cuerpo, ni cuerpo que no sea en sí mismo una economía. Somos cuerpos biológicos que metabolizan nutrientes, vínculos, emociones, ideas y sueños. Nuestra biología económica, o más bien económicamente biológica, busca siempre optimizar recursos: energía, tiempo, memoria. El cuerpo es el primer y más sofisticado gestor de su economía interna.

Pero la economía no sólo se expresa en el equilibrio de nuestras funciones fisiológicas. También se muestra en cómo elegimos a nuestras parejas, cómo organizamos nuestras relaciones, cómo damos o retenemos en los intercambios. En qué lugar ocupamos en nuestra tribu o empresa. En cómo nos permitimos o nos prohibimos el éxito, el placer, la realización.

La economía, entonces, no es una planilla de Excel, es el pulso mismo de nuestra vida. Es un síntoma que late en nuestras cuentas bancarias, pero también en nuestras articulaciones, en nuestros silencios, en la forma en que dormimos o comemos. La economía nos revela dónde nos escindimos de nosotros mismos, dónde dejamos de habitarnos, y dónde hay aún un anhelo por ser.

No hay economía externa abundante y plena sin una economía interna no resuelta. Por eso, cuando trabajo con síntomas físicos o con bloqueos financieros, no veo separación: todo habla de lo mismo. La biología y la economía son expresiones de una única información, un mismo inconsciente que pulsa por expresarse.

El dinero, la profesión, el propósito, son solo máscaras visibles de una búsqueda más profunda: la de volver al diseño original. La de recordar quién soy antes de haber sido nombrado, medido, tasado, exigido.

Y por eso, en este camino, no se trata de «ganar más», sino de ganar coherencia, ganar presencia, ganar libertad biológica. De volverme tan consciente de mi economía biológica, que pueda elegir ya no desde el trauma, sino desde la creación.

La pregunta que queda entonces es:
¿Desde dónde estoy creando mi economía? ¿Desde la carencia de un clan que todo lo retuvo? ¿Desde la urgencia de una infancia donde todo faltaba? ¿O desde la expansión de un corazón que se volvió libre?

La Bioexistencia Consciente no propone fórmulas mágicas, sino una mirada radicalmente amorosa y biológica. Nos invita a reconocer que la economía es un síntoma y un camino. Un espejo, y también una puerta.

Y que cada vez que escuchamos a nuestro cuerpo,
cada vez que volvemos al movimiento,
cada vez que soltamos la memoria que nos ata,
estamos también liberando nuestra economía.

Porque somos cuerpo.
Somos historia.
Y somos, profundamente, posibilidad.

Gracias por este hermoso y expansivo espacio de consciencia.

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